Tengo que venir aquí. Es el único lugar del mundo en el que me siento segura. Un lugar público y conocido al que sé bien que no vendrás. No es mucho lo que tengo que decir, salvo la angustia. Una que crece al pasar de las horas y me hace pensar qué quedará de todo esto. Una nube como recuerdo. Yo quise, te juro que quise, pero no pude escribir. No tenía letras para sujetar lo que sentí. Porque la mayor parte de lo que sentí fue un invento. Eso lo supe más tarde cuando todo se desató. Quiero decir cuando, hace cinco años, lo tragó un aparato y nunca nos tomamos el café acordado, cerca de la calle Bernarda Morin. Da lo mismo cómo desaparecen las cosas, pero se van. No pude coser mis recuerdos de él y ahora ni siquiera tengo la imagen de sus ojos, sólo las nubes blancas recortadas sobre el cielo azul, pasando raudas sobre el edificio del Ministerio de Hacienda. Eso también debe ser un invento.
Ahora que leo tus historias, siento envidia de tus silencios y omisiones, siento envidia y rabia porque te transforman en un diario de vida, en un álbum de fotos que nunca se borra. También siento pena por no poder escribir sobre mis recuerdos, sobre él, pero también sobre ti. Siento una tristeza enorme porque estoy segura que lo nuestro, que también a veces pienso que me inventé, será tan pronto como esa nube, o peor aún, como una raya en el agua, un mandala de arena en medio del viento y en este caso, no habrá quien escriba, porque seguimos vivos e incompletos y nada, nada de verdad importante, sucedió.
Ahora que leo tus historias, siento envidia de tus silencios y omisiones, siento envidia y rabia porque te transforman en un diario de vida, en un álbum de fotos que nunca se borra. También siento pena por no poder escribir sobre mis recuerdos, sobre él, pero también sobre ti. Siento una tristeza enorme porque estoy segura que lo nuestro, que también a veces pienso que me inventé, será tan pronto como esa nube, o peor aún, como una raya en el agua, un mandala de arena en medio del viento y en este caso, no habrá quien escriba, porque seguimos vivos e incompletos y nada, nada de verdad importante, sucedió.




que ganas de abrazarte y decirte que nada de eso importa, pero no me creerias
pero la sola idea del abrazo es suficiente para sentirme menos sola