JEUDI, SEPTEMBRE 21, 2006
JEUDI, SEPTEMBRE 21, 2006
Seis
Muchas veces bajando la mirada me encontré con mis pies, con las piernas arqueadas y las manos bajo los muslos. Pelilarga siempre he tenido un escudo para la novedad y cuando arremete la defensa que creímos heróica -de lo que alguna vez nos supo a justicia- se vuelve la curca en altiva y acelera la voz. A pocos les agrada. Conocí primero tus manos que tu boca. Tus manos blancas, que vi pequeñas para las letras que habitaban esos dedos suaves de quien hojea y escribe tan lejos de acá. Luego tus ojos ínfimos y encendidos por la mueca torcida de tu risa. La dulzura de las palabras de quien escuchó la última sílaba y todo lo que había para atrás. Era la altura a la que se está -que paradoja- lo que me hacía admitir resignada, que la fuerza de un sino inevitable nos hacía caminar por vías lejanas. Rutas marcadas por el origen, por color de la piel, por la ausencia de esa delicadeza tuya en mí. Impenetrable, como la cáscara dura de las castas, esas armadas de una historia oficial y alimentadas con el rostro inefable de los poderosos, los de los dados cargados. Pero era otra tu trinchera, la de la vida amarrada al vértigo existencial, que en silencio alborotaba tu mente con fantasías de pájaros negros pintados por Goya, dando vuelta sobre tu cabeza. Un castigo gratuito, pero no menos virtuoso, que te dabas por las alas de la genialidad. Otra la trinchera, cuando los hijos eran tan inmensos que apenas se podían alimentar y si se alimentaba a aquellos que ya habían crecido para cuando naciste, como no soñar que alimentabas un país, el universo: ahí radicaba la verdadera lucha, la liberación de la cárcel de la omnipotencia infantil de la que nunca fuiste liberado para aceptar la desilusión sin decepción, para descubrir que nada se quebraría si tu no estabas, que había un lugar para dejar caer la cabeza y ser acariciado como al principio. Una vez sentada sobre una vereda en merced, tomando un té, quizás un café, te vi vulnerable y entero, con esa entrega que como pequeñas dosis de una droga muy fuerte ibas dándome, acaso pudoroso. Abrazos apretados, que nunca se acompañaban de palabras para saber si aún así, de esta manera inmensamente intrincada, me quisiste algo.
NO DICHO POR NADIE A LAS 12:22:00 PM 3 comments




Los cinco largos años que no vuelven explicable lo inexplicable, cinco largos años sin un lugar, eternamente sin un lugar