mercredi, décembre 29, 2010

Zambra


Tenía una deuda larga. Leer a Alejandro Zambra, un sorprendente novelista joven -al menos más joven que yo- lleno de buenas reseñas, halagos y este último año una comentada, para bien o para mal, nominación en lista de “Los mejores narradores jóvenes en español” de la revista Granta.

Comencé con Bonsái, una novelita mínima, contenida, justa y una de las mejores novelas chilenas breves que me ha tocado leer, quizás -y sin exagerar- desde el Lugar Sin Límites de José Donoso. De ella se ha hablado bastante y sus premios parecen confirmar la novedad de este autor de pocas palabras y de una brevedad que nos hace caer hacia la profundidad de la vida íntima, sin adornos y en un tono que sería injusto definir como minimalista. Lo no dicho, es en Zambra, lo poderoso, lo tremendo, lo inabarcable. Lo dicho es capaz de despertar las emociones más simples e intensas.

Pero no es de Bonsái que quiero hablar, si no de su segundo libro "La vida privada de los árboles". El título, tomado de los versos de otro joven, poeta, Andrés Anwandter, nos sugiere desde el primer momento que seguimos hablando de árboles solitarios, de árboles podados hasta el infinito, de minúsculos universos plagados de una cotidianidad silenciosa.

La historia nos habla en tercera persona de la vida de Julián. Un padrastro. Julián y Verónica, su mujer. Julián, Verónica y Daniela, la hija. Una amenaza ronda la novela desde la página 16. "Verónica no ha regresado de su clase de dibujo. Cuando ella regrese la novela se acaba. Pero mientras no regrese el libro continua. El libro sigue hasta que ella vuelva o hasta que Julián esté seguro de que ya no va a volver": Es la ausencia de Verónica lo que permite que emerja la historia de Julián, de Daniela. Otra vez, como en su primera novela, es la ausencia -del personaje, de las palabras, de información- lo que permite que esta historia se vaya haciendo visible, emocionalmente, para el lector.

Rara vez son los padrastros los protagonistas de una historia y Julián es un ejemplo de protagonista envuelto en el vacío de una imprecisión: difuso, habitando un no-lugar en su cabeza y en el imaginado recuerdo de Daniela. La falta de Verónica amenaza con borrar de un plumazo la existencia de Julián o al menos desdibuja sus límites. Durante el relato vemos como la imagen de Julián se vuelve nítida hasta el dolor y luego leve casi a punto de desaparecer.

Es la historia de una familia, de una niña, de un hombre. La historia de los futuros recuerdos: caminatas junto al mapocho; cuentos inventados, sobre baobabs y álamos, antes de dormir. Una historia que ocurre en una sola noche, en la que se concentran los miedos, los amores, los misterios, la fatalidad y la inmensidad de toda una vida, que bien podría ser la nuestra. Una historia que nos recuerda, otra vez, que las pequeñas cosas - como los Bonsái- a veces esconden el universo.


La vida privada de los árboles. Alejandro Zambra. Editorial Anagrama, Barcelona, 2007.


2 Alguien dice:

Blogger ... dice?...

beautiful, feliz año

mercredi, décembre 29, 2010  
Blogger ... dice?...

wasup?

jeudi, janvier 06, 2011  

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