Mirada desde aquí, la playa grande se extiende infinita, tanto que me dan ganas de correr. En vez de eso, camino. En medio de la bruma hecha de nubes de agua, hundiéndome en la orilla leve, donde revientan las olas, pensando en casi nada, despertando a veces, en medio del camino.
De nuevo es el fin de año, de nuevo las evaluaciones, de nuevo las esperanzas que no se dicen. Cansan a veces estos aires de novedad. Si dejáramos todo tal y como está, si no nos obligarán a enumerar los logros y los deseos, a abrazarnos, a reírnos, a comer y a tomar vino, tal vez hace años nos habríamos resignado.
Afuera están todos deseando y pretendiendo, ávidos de ser reconocidos, se están comiendo unos a otros sin gritos. Están anhelando el momento en que será suficiente y estarán los labios dulces. No queda nadie disponible para un abrazo, para una caminata larga, para una conversación de domingo bajo la higuera.
Me habría gustado saber, como esa mujer de las empanadas en Cucao, perdida en medio de la nada; como Juan Bautista, ebrio por las calles de Santiago; me habría gustado saber como la mujer de las muñecas en el pecho, en la esquina de General Mackenna y Bandera. Haber hecho menos listas, esperado un poco menos.
Si hubiera concentrado todos los deseos, en el deseo de tu abrazo, de tus historias en mi oído y de las risas en la cama, tal vez lo habría conseguido. O no lo habría conseguido y me habría sometido a la realidad con la calma de la conformidad. Sin fines de año ni nuevos comienzos, sin reveses y sin tanta desilusión.




todo pasa y todo queda
Feliz Navidad Pamita.
En algún lugar de Santiago estarás junto a los que te quieren.
Siempre hay alguien que nos quiere.