jeudi, janvier 26, 2012
dimanche, novembre 13, 2011
Padre
Si no me hubiera quedado en la oscuridad contigo, tal vez -sólo tal vez- no habría sido para siempre la extranjera, la que está sentada en la orilla de la última silla, en el canto del mundo, mirando a través de las vitrinas y las ventanas las vidas de otros, sus amores verdaderos, sus amores.
Nunca, nunca, tuviste piedad de mi sufrimiento.
mardi, novembre 08, 2011
mardi, octobre 18, 2011
No es mi reflejo

lundi, septembre 05, 2011
5 años
LUNDI, SEPTEMBRE 11, 2006
Cinco

Vengo del sitio al que volver deseo;
Amor me mueve, amor me lleva a hablarte.
La divina comedia
Estaba ahí
Como un pañuelo batiente
Una luz pequeñísima
Como un derrotero del deseo.
No era la fecundidad
De mover las alas
Ni la soledad.
No lo había inventado.
Estaba ahí.
Y habían cientos de
Declaraciones esperando.
Sus pies, en efecto,
Se volvían sobre sus pies.
Y en la calle estaba,
Inalcanzable, sí
Como un volantín perdido
Una moneda en la alcantarilla
El libro de la vitrina.
Había venido por él
Sólo para que él viniera por mí.
No lo había inventado
Estaba ahí
vendredi, août 26, 2011
Hace cinco años atrás
MERCREDI, AOÛT 23, 2006
La memoria
A veces estoy tendida y no hay nadie en casa. La puerta semiabierta de mi pieza sólo esconde más sombra, entonces el mantra y los sueños terminan trayéndote a la fuerza. Nunca dices no. Y entre las imágenes, un campo demasiado azul me hace esconder los ojos. Ahí estás tú sacándote las zapatillas sin desabrochar los cordones, lanzándolas a su mejor destino, con la cara llena de risa, yo tratando de seguirte cuando el calor se vuelve insoportable y vamos tras la sombra como dos niños. El río aún tiene riberas públicas, parece que hace tan poco, los pies en el agua juegan con las piedras que siempre son tan bellas y que al sol se vuelven comunes, como si todas fueran trozos de un mismo peñasco.
.
.
JEUDI, SEPTEMBRE 21, 2006
dimanche, août 14, 2011
Ahora que leo tus historias, siento envidia de tus silencios y omisiones, siento envidia y rabia porque te transforman en un diario de vida, en un álbum de fotos que nunca se borra. También siento pena por no poder escribir sobre mis recuerdos, sobre él, pero también sobre ti. Siento una tristeza enorme porque estoy segura que lo nuestro, que también a veces pienso que me inventé, será tan pronto como esa nube, o peor aún, como una raya en el agua, un mandala de arena en medio del viento y en este caso, no habrá quien escriba, porque seguimos vivos e incompletos y nada, nada de verdad importante, sucedió.
vendredi, mai 13, 2011
Recibo en un cuenco dorado lo que va quedando de sus dolorosas historias,
Escucho una y otra vez sobre esa otra, una mujer cualquiera,
Una que podría ser yo misma en tu boca.
Y entonces las manos se le vuelan,
sube el tono de la voz (grita),
El teléfono vibra,
Un portazo remece la habitación y el departamento continuo,
Yo miro de reojo el reloj de la pared,
Y un silbido minúsculo me pía en la oreja:
Es el Chucao, el pájaro tieso iluminado por el globo blanco,
Que parece que va a volar.
Mientras los ojos se le van mojando, entre palabra y palabra,
mientras respira, más bien bufa,
Ya el tren ha partido y en mi vagón la ventana da hacia otras vidas como esta
Y pasan uno y otra, casi saludando,
como si algo se les hubiera quedado en el tintero
Y yo les agito palomas blancas hechas de kleenex
Mientras todas las lágrimas se transforman en una lluvia inacabable.
Entonces vuelvo aquí, al bergere blanco que mira mudo el resto de la habitación,
Vuelvo a su voz, a su mirada que suplica,
Recuerdo algo que mi lápiz negro escribe sobre el papel,
el mismo papel moribundo donde deberían ir las notas de la sesión,
Escribo un nombre, las iniciales de otro, un par de rayas sin sentido,
Mientras a él, hundido ahora entre los cojines,
Le parece que no hay mayor pesadilla que la que vivió,
Pero no.
Yo, yo sé que tu me has abandonado sin saberlo,
Y que no hay más dolor que mi dolor,
Y en medio de esos pensamientos fragmentados,
La pieza pequeña se agita,
Y tiembla sin temblar,
Sentados frente a frente,
Dos desconocidos:
Uno que toma el pañuelo que yo,
Por supuesto,
No puedo tomar.
Otra, que se bate con la amargura del desprecio
Y me vuelve a decir que no la ama, me abofetea,
Que qué tremenda equivocación,
Y llora al saberse tan cobarde y abyecto
Y yo no lloro porque no puedo llorar.
En vez de eso escribo tu nombre, miro a la pared,
Cuento los lomos de los libros y respiro hondo,
Hasta que hablo un poco, interpretando alguna barbaridad
mardi, mars 29, 2011
lundi, février 07, 2011
Pero ella, de verdad, se resignó y ya no piensa en hacer el amor con él. Sí, responde a sus citas permanentes, se ríe, se alegra de oirlo, pero ya no se ilusiona, no se siente de 18, no piensa que todos los caminos de su vida llegan a sus labios. Él logró lo que nadie había logrado en 40 anos de vida, ni su mismísimo padre con su violencia: logró robarle la ultima esperanza de amar. Ayer, se le oía desenfadada hablando de una manera nueva, con una nueva indolencia, un desinterés en el amor y la clara renuncia de la mitad de la vida.
Entonces volvió donde el hombre que alguna vez quiso y acepto que las cosas son así. Tenía bastantes bendiciones ya con no haber terminado demente debido al trato de su padre. Las cosas están bien. Desde ahora está decidida a sólo envejecer. Desde el incidente, en efecto, el pelo se le lleno de canas y está unos siete kilos mas gorda. El cuerpo también se resignó y ahora solo queda seguir viviendo sin remover demasiado esta historia, a menos que sea para escribirla en medio de sus memorias, que de todos modos a nadie le interesarían.
vendredi, janvier 21, 2011
AÑO 2005
mercredi, décembre 29, 2010
Zambra

Comencé con Bonsái, una novelita mínima, contenida, justa y una de las mejores novelas chilenas breves que me ha tocado leer, quizás -y sin exagerar- desde el Lugar Sin Límites de José Donoso. De ella se ha hablado bastante y sus premios parecen confirmar la novedad de este autor de pocas palabras y de una brevedad que nos hace caer hacia la profundidad de la vida íntima, sin adornos y en un tono que sería injusto definir como minimalista. Lo no dicho, es en Zambra, lo poderoso, lo tremendo, lo inabarcable. Lo dicho es capaz de despertar las emociones más simples e intensas.
Pero no es de Bonsái que quiero hablar, si no de su segundo libro "La vida privada de los árboles". El título, tomado de los versos de otro joven, poeta, Andrés Anwandter, nos sugiere desde el primer momento que seguimos hablando de árboles solitarios, de árboles podados hasta el infinito, de minúsculos universos plagados de una cotidianidad silenciosa.
La historia nos habla en tercera persona de la vida de Julián. Un padrastro. Julián y Verónica, su mujer. Julián, Verónica y Daniela, la hija. Una amenaza ronda la novela desde la página 16. "Verónica no ha regresado de su clase de dibujo. Cuando ella regrese la novela se acaba. Pero mientras no regrese el libro continua. El libro sigue hasta que ella vuelva o hasta que Julián esté seguro de que ya no va a volver": Es la ausencia de Verónica lo que permite que emerja la historia de Julián, de Daniela. Otra vez, como en su primera novela, es la ausencia -del personaje, de las palabras, de información- lo que permite que esta historia se vaya haciendo visible, emocionalmente, para el lector.
Rara vez son los padrastros los protagonistas de una historia y Julián es un ejemplo de protagonista envuelto en el vacío de una imprecisión: difuso, habitando un no-lugar en su cabeza y en el imaginado recuerdo de Daniela. La falta de Verónica amenaza con borrar de un plumazo la existencia de Julián o al menos desdibuja sus límites. Durante el relato vemos como la imagen de Julián se vuelve nítida hasta el dolor y luego leve casi a punto de desaparecer.
Es la historia de una familia, de una niña, de un hombre. La historia de los futuros recuerdos: caminatas junto al mapocho; cuentos inventados, sobre baobabs y álamos, antes de dormir. Una historia que ocurre en una sola noche, en la que se concentran los miedos, los amores, los misterios, la fatalidad y la inmensidad de toda una vida, que bien podría ser la nuestra. Una historia que nos recuerda, otra vez, que las pequeñas cosas - como los Bonsái- a veces esconden el universo.
La vida privada de los árboles. Alejandro Zambra. Editorial Anagrama, Barcelona, 2007.
mardi, décembre 14, 2010
samedi, novembre 27, 2010
vendredi, novembre 19, 2010
lundi, novembre 15, 2010
Estaba escrito -pero no de esa manera-
A su paso, iba dejando atrás cientos de besos y caricias que jóvenes -y no tan jóvenes- enamorados, se prodigaban sin vergüenza sobre el pasto, a la orilla de un árbol, sentados en los bancos verdes recién pintados por el alcalde o a los pies del monumento a Rodó de Totila Albert .Y miraba el sol, y de nuevo los árboles y otra vez los besos contenidos y sentía que algo de esa juventud enamorada era lo que había perdido irremediablemente en ese año que, como decía, fue tan lluvioso e inclemente.
La atmósfera reverdecida del parque soleado un día domingo, le había puesto de un humor benévolo y a corto andar se encontró tarareando una canción romántica, envuelta en un aire nostálgico, a la vez adolescente y algo empalagoso. Todo parecía brillar, incluso los viejos alcornoques. Más allá, en un respiradero del metro, los niños jugaban a juntar hojas que al paso del tren subterráneo, volaban por los cielos en un espectáculo que no hacía más que engrandecerle el corazón y afirmar la belleza de la tarde.
En ese estado era imposible pasar por fuera de la biblioteca municipal y resistir el deseo de entrar. Por los grandes ventanales se veían decenas de personas leyendo, conectados a sus computadores portátiles, los más jóvenes estudiando. Entró sin sentirse bien recibida, bajo la mirada del guardia que parecía decir cuidado que está siendo vigilada. Pero estaba de buen humor y después de saludar con una sonrisa, se dirigió a la zona infantil pensando en que si era lo suficientemente atractiva, quizás se inscribiría y traería a su hija. Curiosamente, junto a la literatura infantil estaban los autores nacionales. Le dio risa, sólo un poco, pensar en su amiga escritora, ubicada al lado de los libros de Anthony Browne y la serie de Papelucho. Mientras pensaba en eso, recorría la estantería, pasando de lomo en lomo, en un perfecto orden alfabético, sin buscar nada, hasta que de pronto, ahí estaba: El libro de otro autor nacional. Uno al que había creído conocer bien hace unos meses atrás. Tomar el libro y sentarse a leerlo fue cosa de segundos. Se entregó a recorrerlo como si en él hubiera algún rastro de ese conocido, se interesó por el diseño de su portada, por la contratapa, por las citas al inicio, por los agradecimientos al final, hasta miró la ficha de préstamos que estaba pegada a una página posterior, el último registro era de 1997 –la computación quizás- e incluía entre los lectores a un actor uruguayo, que no aparecía hace mucho en televisión. Miró detenidamente el índice y le pareció reconocer el título de un cuento que le había sido enviado por el autor hace un tiempo. Entonces decidió leer algunas de las historias, así, al azar. Los nombres de los protagonistas eran simples, como si fueran de verdad los amigos de la juventud, las historias sueltas, desatadas, hablaban en un tono melancólico y a la vez decidido que no le pareció el mismo de sus últimos cuentos publicados. Mientras leía, empezó a notar algo extraño. Muchas de las líneas, le parecía, las había oído de él. No, no había duda. Era completamente así: casi todas las conversaciones que recordaba haber tenido con él, los diálogos que atesoraba como recuerdos dulces de lo que había sido lo de ellos, incluso las palabras que dijo la última vez que le envío un correo electrónico, no eran más que citas de este libro de cuentos. Cada poema referido, cada frase importante, todo el contenido diversificado en los varios cuentos del volumen, había sido mezclado de alguna manera, en varias de las largas conversaciones que solían tener. Vio entonces en las páginas de aquellos cuentos, los presagios de su relación: las bromas, las canciones, las declaraciones, todo era parte de una ficción preescrita en los noventa y actualizada en el dos mil diez. Es como si se hubiera quedado fijo en esas letras, cosido a ellas, tenebrosamente adherido a las fábulas que escribió hace tanto. La piel se le puso de gallina, si hubiera tenido que hablar seguro la voz le habría tiritado y aunque sintió una tristeza enorme, que se venía a posar sobre el dolor de lo que había sucedido entre ellos, no lloró, porque con la consternación no le salían las lágrimas. Estaba ahí, leyendo ávidamente el guión de su relación y aunque le inquietaba, quería encontrar a lo menos una clave que le permitiera sentir que él había sido honesto con ella. Pero no la había. ¿Habría tenido siempre a mano estos textos mientras conversaban? O peor aún ¿Se sabría cada uno de sus cuentos de memoria? ¿Habría planificado cada uno de sus movimientos? ¿Cómo se explica a Cisneros, Lihn, Pessoa? ¿Cómo llegó este hombre a convertirse en un duplicado infinito de sí?
Mientras esas ideas se agolpan en su cabeza siente un vértigo parecido al que da la altura. Le cuesta reponerse, el guardia debe subir el tono de la voz para avisarle que la biblioteca está cerrando. Ella lo mira sin resignarse a dejar el libro en su lugar. Es como un manual de seducción, piensa. Un manual. Es como si todo el amor – ese adolescente y empalagoso amor- se hubiera pervertido en esas hojas. Como si en el ritual de escribir él hubiera perdido algo -y aunque teme que pudiera haber sido la cordura- es un algo sin nombre. No puede dejar de sentirse triste por él, pero también por ella. Le parece que lo que ha sucedido es un monumento al desamor y siente de nuevo, que las pocas palabras que le dijo, tampoco le pertenecían. Había otro, el que escribió esas líneas, uno del que ella podría haberse enamorado con locura y estaba él, hoy, quince años después, usando sus propias palabras como anzuelo y la había engañado como si hubiera sabido de antemano que caería rendida frente a esos versos desperdigados.
Se apagan las luces de la biblioteca y ella sale a la calle mientras está oscureciendo. Le parece que está frío y con los dientes castañeteando, se abraza, frotándose para entrar en calor. Le preocupa enormemente no haber leído todas las páginas del libro, tal vez en medio de ellas estuviera la respuesta o la clave de algo que está por venir. Con la vista medio perdida, camina de vuelta a su casa, el parque se ve vacío, salvo por los vagabundos que preparan meticulosamente sus residencias transitorias. Un hombre la saluda sonriente, ella lo esquiva, le parece ver a un grupo de niños de la calle fumando y riendo, apura el tranco y vuelve a pensar en el libro, qué más diría el libro.
lundi, novembre 01, 2010
La expresión del daño
jeudi, octobre 21, 2010
mercredi, octobre 20, 2010
Los Ochentas
Al final la verdad es una sola:
el hombre nace, crece y se evapora
A.R.H. ,1980
Y si estuviera asistiendo
A la resurrección de los muertos
Y tú no fueras tú
Y tú fueras el delgado Rubio bebiendo vino rojo
Y yo no fuera yo
Y yo fuera una niña cualquiera
A la que le hacen gracia tus morisquetas
Caminando por los pasillos del pedagógico
Y si estuvimos ahí
En medio de la batalla silenciosa
De gaviotas contra gorilas
Si ya estuvimos ahí
Y te dejo pasar
O me olvido
Si recorrimos las calles de la mano
Y alguien nos detuvo
Y te llevaron lejos
Al cuartel Borgoño
O a Mamiña
O te exiliaron
O moriste en medio la calle, acribillado
Y si estuviera asistiendo
A la resurrección de los muertos
Y esta cara que veo en el espejo no fuera mi cara
Si esta yo, fuera otra yo, una nueva
Y si tú fueras Rodrigo declamando como un loco
Si fueras Armando
O si fueras tú, pero otro tú, leyendo tus poemas
Encima de la mesa del Jaque Mate
Y si esos otros, vivos alguna vez
Se abrazaron
Riendo y caminando por Portugal con
Si se besaron en medio de un patio inmenso
Si hicieron el amor en la cama de un desconocido
Si no se atrevieron a lanzar piedras
Si se escondieron
Y te dejo pasar
O me olvido
Si estuviéramos resucitando
Y antes de esto
En otra vida, claro,
Me hubieras mirado a los ojos
Jurándome que no me abandonarías
¿Y si alguna vez me prometiste la eternidad?
lundi, octobre 18, 2010
El Terapeuta Sistémico Frente a la Catástrofe: Reflexiones a partir de la Experiencia.

La siguiente reflexión surge a partir de un dialogo, que se inicia hace algunos meses atrás, en un restaurante en las afueras de Talca y que continua de diversos modos y en distintos sitios, hasta desembocar en un artículo, que esperamos publicar prontamente con Claudia Cáceres, coordinadora de la Unidad a la que pertenezco en el Instituto Chileno de Terapia Familiar y una de las compañeras en el desafío al que nos enfrentamos después del 27 de febrero de 2010.
El artículo tiene su origen en la necesidad de fijar en la memoria una experiencia de trabajo colectivo, derivado de la catástrofe. En medio del remezón –literal y metafórico- y en medio de las múltiples acciones relacionadas con el apoyo psicosocial a las víctimas, entre las que se encuentran las que antes comentara Claudio y luego comentará Margarita, el Instituto Chileno de Terapia Familiar acogió una invitación del Ministerio de Salud para apoyar a los funcionarios de los servicios de salud de la zona afectada.
Muchos de los que estuvimos dispuestos a partir, apenas habíamos oído hablar de la Psicología de la Emergencia, tampoco éramos especialistas en desastres naturales y la verdad, a muchos, los terremotos nos producían más miedo que interés teórico. Sin embargo, estuvimos disponibles para adentrarnos en comunidades que desconocíamos, motivados por la idea de aportar, de alguna pequeña manera, a la reconstrucción emocional de quienes habían estado desde su rol profesional apoyando a otros y lidiando con su dolor.
De esta manera, se desarrollaron talleres, dirigidos a funcionarios pertenecientes a establecimientos de la red pública de salud de la séptima región en el Servicio de Salud del Maule. El nombre que se le dio a esta intervención fue “Un espacio solidario para compartir y descubrir recursos”. Un nombre simple, que se esperaba dejara ver los ejes centrales del trabajo: Por un lado, la contención emocional a los equipos y por otro, la visualización de los recursos personales y colectivos surgidos a partir de la catástrofe.
Teníamos claridad respecto de que el taller debía proveer un contexto donde no sólo se permitiera una descompresión, sino que además se promoviera la capacidad de autocontención y la contención grupal, a través de compartir colectivamente – y de forma guiada- una experiencia emocional.
Consistentemente, el diseño de los talleres fue una experiencia colectiva para nosotros -el equipo de terapeutas- que participamos en el diseño y posteriormente en su ejecución, fuertemente apoyados en la etapa de elaboración, eso sí, por terapeutas, miembros del Instituto expertos en trauma y autocuidado de equipos.
Se realizaron un total de 53 talleres en los que participaron 882 funcionarios del Servicio de Salud del Maule. Estuvimos en Cauquenes, Chanco, Constitución, Curepto, Talca, Teno, Curicó entre otros. Ciudades y pueblos donde el terremoto había sido desolador y otros lugares donde además, una ola había arrasado con gran parte del patrimonio biográfico de sus habitantes.
Los largos viajes en auto, hacia y desde la zona y las –también largas- conversaciones entre los que fuimos facilitadores de estos talleres, nos condujeron a cuestionamientos interesantes, que fueron mucho más allá de la sola experiencia de realizar un taller.
Dentro de esos cuestionamientos estuvo –claro está- el personal, que ayudó en ocasiones a fortalecer lazos de amistad y nos permitió una experiencia de esas que dan sentido de vida y nos vuelven personas distintas.
Pero otros cuestionamientos venían de la mano de nuestra inscripción teórico-clínica e institucional. Una primera pregunta, en este sentido fue ¿qué nos hizo aceptar este desafío? En un primer momento, la respuesta parecía sencilla: la solidaridad con quienes sufrieron con mayor fuerza el daño de esta crisis inesperada. Sin embargo, la acción de aceptar el desafío, en tanto terapeutas sistémicos, contextuales, relacionales, esconde detrás de ella más que el mero ejercicio de la solidaridad. Supone –o al menos eso creemos- una particular comprensión de los fenómenos y del sujeto.
Desde la mirada sistémica, somos sujetos en interrelación permanente con el medio. Desde esta mirada nos obligamos a una comprensión ecológica, donde los contextos amplios son determinantes de nuestra biografía, nuestra historia y nuestra identidad. Tal como lo señalara Bateson hace décadas atrás, el terapeuta sistémico comprende a los sujetos y a sí mismo como sujetos contextuales, que construyen sus procesos mentales en las relaciones y la interacción.
La mirada del sujeto sistémico reconoce que el proceso de referirse a sí mismo implica referirse al mundo externo, quedando la identidad subjetiva definida por un proceso que Edgar Morin denomina auto-exo-referencia. Es decir, al hablar de mi identidad hablo de un yo único, pero al mismo tiempo integro a la subjetividad personal, la subjetividad colectiva: hablando así de nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro país, nuestro planeta.
En los momentos del desastre, de la tragedia, es posible observar cómo lo que Morin señala como principio de la identidad, resulta plenamente vigente y cierto. Cuando nos miramos a nosotros mismos y cuando vemos al otro, lo hacemos bajo esta concepción de sujeto complejo, nos situamos en una dimensión que va más allá de las individualidades, pero también más allá del colectivo, donde cada uno de nosotros es la parte y es el todo, o como dice Morin cuando se permite pensar en un principio hologramático: la parte está en el todo y el todo está en la parte.
Quiero decir con esta reflexión, que es posible entender la respuesta de un terapeuta sistémico frente a la catástrofe, también como una manifestación de esta particular manera de comprender lo individual y lo colectivo, donde lo individual sólo es posible a partir de lo colectivo y viceversa. El desastre de un pueblo como Constitución o Chanco, es una fatalidad vivida en el colectivo y se vuelve, al mismo tiempo –como un eco de esa devastación- en una llamada que posee resonancias personales para nosotros los terapeutas, que en la mayor parte de los casos, aunque vivimos el drama del terremoto, no experimentamos la tragedia con la misma intensidad.
Estas resonancias personales que están ligadas al proceso auto-exo-referencial al que se refiere Morin, son las que permiten al terapeuta sistémico, analizar sus vivencias entendiendo que éstas provienen de un desarrollo común. Mony Elkaim dirá que las resonancias “son elementos redundantes que ligan los universos más dispares”, dejando de esta manera, al terapeuta de Santiago profunda e íntimamente unido al pescador de Lebu, de Talcahuano o a los habitantes de Lolol.
Una segunda pregunta se relaciona con la particular característica que nos une con quienes fueron los asistentes a estos talleres. A propósito de resonancias ¿Qué mirada tenemos –en tanto terapeutas sistémicos- acerca del trabajo con personal de la salud? ¿Personal que –de algún modo u otro- está preparado profesionalmente para atender, oír, curar, cuidar a otros?
Una terapeuta, a la que hemos podido escuchar en estos días, desarrolló un concepto del profesional psico-médico-social como un tercero pesante . Edith Godbeter-Merinfeld, invitada a estas jornadas y autora del libro El Duelo Imposible, hace referencia a un elemento que parece central en la construcción de nuestra identidad como psicólogos, médicos, enfermeros, educadores, psiquiatras, asistentes sociales, etc. y éste tiene que ver, con las vivencias tempranas de ser reguladores activos de la relaciones intrafamiliares. Los terapeutas y otros profesionales –como por ejemplo los profesionales de la salud- nos veríamos tocados por las expectativas de los pacientes, porque despertarían en nosotros las cuerdas que hacen vibrar el tono de nuestras propias experiencias en la familia de origen, amplificando así las resonancias de las que hablábamos. Habría, de acuerdo a esto, un espacio de experiencia común con aquellos que dedican su vida profesional al trabajo con personas y que en distintos ámbitos, buscan colaborar en la superación del malestar físico o psicológico, subjetivo o colectivo, el sufrimiento relacional o existencial.
Esta reflexión apunta a que al enfrentar la tarea de desarrollar talleres para los profesionales de la salud de las zonas afectadas por el terremoto, nos situamos en un lugar en el que no sólo compartimos con ellos la experiencia de ser espectadores de la tragedia ocurrida el 27 de febrero, sino que, al mismo tiempo, tenemos en común con quienes son los destinatarios de los talleres, el hecho de ser personas que trabajan con personas. Esto hace que las resonancias aumenten exponencialmente, en tanto aumentan también los ámbitos existenciales compartidos. El sentido de esta tarea entonces, no sería el mero hecho de ir en ayuda de los otros, sino que se transforma a través de estos procesos auto exo referenciales, al mismo tiempo, en una experiencia relacionada con el nosotros, que nutre nuestra identidad y se vincula profundamente con nuestro propio sentido de vida.
De esta manera, son múltiples las reverberaciones que se desatan frente a los funcionarios de la salud, no hay forma de acercarse a su experiencia sin preguntarse por la propia vivencia de haber estado disponible para otros, al mismo tiempo que poco disponible para uno mismo y para todas nuestras relaciones significativas, la familia, los hijos, los amigos.
Nos encontramos en los talleres realizados con personas que fueron las encargadas –por vocación u obligación- de la contención y cuidado de las víctimas del terremoto y maremoto, pero, al mismo tiempo, pudimos ver que esas mismas personas habían sido víctimas y habían sido tan poco contenidas y cuidadas. La tragedia que se nos reveló aquí, es que el especialista en las necesidades del otro, con ocasión de esta experiencia compartida de crisis inesperada, debió invisibilizar sus propias necesidades, para lograr responder a la necesidad de un tercero.
Es la íntima certeza de haber ocupado ese mismo lugar en innumerables ocasiones, tal vez menos duras, lo que le da un sentido profundo a la experiencia de estos talleres.
Por otra parte, y muy probablemente relacionado con lo anterior, nosotros sabemos bien, las más de las veces por experiencia directa, que los trabajadores que desarrollan su labor en áreas de servicio a las personas, en las que la relación con el usuario es central para el desempeño del trabajo -como ha señalado, entre otros, Ana María Arón- implican en su trabajo un alto compromiso emocional y afectivo del que debemos hacernos cargo. Este compromiso los -o debería decir nos- expone a condiciones de vulnerabilidad desde el punto de vista de la salud. Esto es lo que varios autores han abordado bajo el rótulo de burnout. Pero quizás la derivada más relevante con ocasión de esta reflexión, se relaciona con la aplicación en esta experiencia del cúmulo de conocimiento que los terapeutas tenemos en el cuerpo acerca del autocuidado de los equipos.
Se reconoce así la importancia de –dada la orientación hacia las necesidades de los otros- dirigir la mirada hacia sí mismo y hacia los propios equipos. Más aún, en condiciones de una crisis como la desatada por un desastre natural, se suma a esta condición de vulnerabilidad que trae consigo la esencia de nuestro trabajo con personas, un estrés adicional asociado a eventos incontrolables que dejan una huella de pérdidas materiales y personales difíciles de integrar, haciendo imposible obviar este aspecto en la intervención.
Otro elemento imposible de olvidar como terapeutas familiares, es que las familias de estas personas quedan en una doble vulnerabilidad, ya que uno no sólo invisibiliza o minimiza su realidad emocional, sino que también está menos disponible para su familia. Como ejemplo extremo de esto se ha demostrado que los niños en estas situaciones quedan más vulnerables al abuso sexual. En contextos de desastre, podemos imaginar también que los niños de los funcionarios de la salud no tienen a sus padres con ellos de la misma forma que otros niños en la misma situación. En definitiva, la sociedad pide algo de estas personas en su rol –pedimos- pero en alguna parte abandona -abandonamos- un poco, no sólo al sujeto, sino también a su contexto íntimo de relaciones.
He expuesto hasta aquí, parte de lo que hemos pensado acerca de nuestro lugar en el escenario del terremoto y las características del trabajo al que fuimos convocados. Creemos que nos vimos interpelados por la catástrofe de una manera particular y que no podemos obviar de nuestra comprensión las concepciones de lo humano y del mundo que forman parte de la orientación teórica que nos une como terapeutas, miembros de un Instituto diverso.
Por último, quisiera referirme a dos aspectos específicos del trabajo realizado. Primero, tal como lo señalara uno de los terapeutas que participó en la intervención, enfrentamos este trabajo desde el punto de vista teórico-clínico, sobre la base de una mirada comprensiva que favoreciera la elaboración e integración de las pérdidas, y no centrado en la elaboración del trauma. Incluso, la experiencia nos mostró en la práctica lo que sabíamos en la teoría: ante un mismo fenómeno de desastre, los significados otorgados a la experiencia eran diversos, heterogéneos y sólo en algunos casos la experiencia se volvía, quizás en un segundo momento, en una vivencia con cualidad traumática. Lo indesmentible, era que en el relato de los participantes, las cosas se habían movido de su sitio y que las pérdidas eran múltiples: desde pérdidas de vidas, pasando por pérdidas materiales y del mundo laboral, hasta pérdidas patrimoniales y simbólicas.
Creemos a partir de la evaluación, que la realización de estos talleres permitió a los funcionarios de los diferentes servicios de salud sentirse –en palabras de Maturana- reconocidos como legítimos otros (a sí mismos y al contexto en que viven y trabajan). El espacio solidario que propusimos, fue concebido sobre todo, como un contexto emocional de reconocimiento, que fue condición de posibilidad para la elaboración e integración de la experiencia, de una manera contenida y de un modo no desorganizador. Aunque no estaba la pretensión de que la sola participación en el taller permitiera la completa elaboración de la vivencia, sí creemos que en algunos casos fue una llave de paso a emociones largamente silenciadas, ya sea por la vorágine de la ayuda a otros, por temor a lo que pudiera desatarse o incluso por la sanción de los pares.
El espacio grupal fue pensado desde los saberes del Taller de la Persona del Terapeuta. Tal como señalarán Carla Vidal y Cecilia Jara respecto de estos talleres, se cuidó que este espacio grupal fuera un lugar de intimidad en el aquí y el ahora, donde cada uno de los participantes tuviera la posibilidad de ser visto, ser reconocido por otros y donde, en la práctica, se pudieran actualizar aspectos propios de cada participante en una matriz de interrelaciones desde donde emergieran resonancias que permitieran ampliar el autoconocimiento, lo que –desde nuestro punto de vista- ocurrió, en la medida que se fue complejizando y ampliando el mundo de explicaciones. Así, uno de los fundamentos metodológicos principales del trabajo: lo colectivo, tuvo sentido también desde la perspectiva sistémica, donde lo grupal permitió la construcción mutua de lo real, en redes conversacionales que al establecerse en torno a las vivencias del terremoto, abrieron la posibilidad para que éstas fueran reformuladas, recreadas y reconstruidas en un proceso de dialogo y sobre todo en un clima emocional particular.
En segundo lugar, una de las constataciones que se pueden hacer respecto de la situación de los equipos de salud en las zonas en las que intervenimos, es el hecho de que ellos forman parte de comunidades que se vieron golpeadas por esta crisis inesperada. Las comunidades están delimitadas políticamente por sus fronteras -las regiones y comunas afectadas- pero también simbólicamente, como los espacios emocionales donde se comparte una historia común, un patrimonio material y emocional. El propio servicio de salud, más específicamente el lugar donde se desempeñan trabajando las personas que asistieron a los talleres, es una comunidad por sí misma.
Judith Landau, ha señalado que las comunidades que han sufrido pérdidas inesperadas o abruptas, son capaces de superar la pérdida y el trauma accediendo a sus fortalezas individuales y comunitarias y que este nuevo estado es posible a través del apoyo de profesionales, que sean capaces de ser sensibles y al mismo tiempo provean de espacios donde los implicados puedan encontrar –en su misma comunidad- los recursos necesarios para su recuperación.
Uno de los objetivos de nuestro trabajo fue tejer los hilos de esta resiliencia comunitaria, definida por Judith Landau como la capacidad de sostener la esperanza y la fe de una comunidad para resistir el trauma y la pérdida mayor, para superar la adversidad y prevalecer, generalmente con un aumento en los recursos, las competencias y la conectabilidad entre personas y sistemas.
De esta manera, tuvo sentido reunirse en torno a una conversación que permitía surgir los recursos individuales y colectivos, superar la mirada desde la patología y las debilidades, para reconocer, convencidos, que las familias y comunidades son esencialmente saludables y poseen competencias para acceder a recursos y para diseñar soluciones a sus propios problemas. Probablemente en nuestra intervención apenas alcanzó a asomar algo de este planteamiento, pero el espíritu de lo realizado estaba en el logro de esa resiliencia, que sabíamos pasaba también por la comprensión que como terapeutas tuviéramos de los contextos históricos y de los sistemas más amplios en los que viven las personas.
En resumen, el aprendizaje que nos deja esta experiencia tiene una dimensión personal y única, pero al mismo tiempo, en tanto colectivo de terapeutas, me atrevo a señalar que generó una nueva mirada a partir de lo vivido, que incluye:
1. Como terapeutas sistémicos nos vemos interpelados por lo eventos desde una visión ecológica y contextual, y nos vemos implicados profundamente, toda vez que entendemos nuestra propia identidad como construida en una relación dialéctica entre la autorreferencia y la referencia al mundo externo.
2. Desde esta visión nuestra intervención ocurre en el contexto de múltiples resonancias, que poseen en sí mismas un potencial terapéutico y pueden constituir un puente entre el terapeuta y los participantes, en el contexto de la experiencia de intervención
3. Trabajar con personas que ayudan a personas nos sitúa en un lugar común que no debe ser obviado y que ofrece un espacio de experiencia que amplia las resonancias posiblemente terapéuticas.
4. El proceso de elaboración de la experiencia pasa inevitablemente por la elaboración de las pérdidas y puede ser llevado a cabo en la medida que se presente un contexto emocional que favorezca el reconocimiento y posibilite conversaciones que amplíen el campo de las posibilidades y explicaciones, considerando la intersección de múltiples universos o multiversos.
5. El trabajo debe centrarse en las capacidades y recursos de los participantes, en su capacidad de resiliencia individual, pero al mismo tiempo y acorde con la mirada contextual-relacional, debe favorecer la generación de redes que permitan una resiliencia colectiva, que no sólo se centre en la experiencia común devastadora sino que también permita a la comunidad fortalecerse y generar formas de relación que le permitan enfrentar nuevo desafíos.
Para finalizar, pienso que paradójicamente, la crisis inesperada que resulta del terremoto y maremoto de febrero recién pasado, se vuelve una oportunidad y creo que en eso está el corazón de lo que hacemos día a día como terapeutas de familias y de individuos.
Leonardo Boff, un teólogo de la liberación Brasileño al que admiré en mi adolescencia, llama la atención respecto del vocablo crisis cuyo origen etimológico, proviene del griego y significa 'juicio', 'decisión'. Respecto de esto señala que toda situación de crisis exige, para ser superada, una decisión, la cual marca el nuevo rumbo. La crisis está llena de vitalidad creadora y es el "momento crítico" en que la persona cuestiona radicalmente ante sí misma su propio destino, el mundo cultural que la rodea, y es convocada, no a opinar sobre algo, sino a decidirse acerca de algo. Sin tal decisión no hay vida.
Pienso que en eso de las decisiones es en lo que hemos estado.
Gracias.
BIBLIOGRAFIA CITADA
Arón, A.M. y Llanos, M.T (2005) Cuidar a los que cuidan: desgaste profesional y cuidado de los equipos que trabajan en violencia. Sistemas Familiares 20, Nº1-2: 5-15.
Boff, Leonardo (2004) la crisis como oportunidad de crecimiento Editorial SalTerrae, Santander.
Goldbeter-Merinfeld, E.(1999) El duelo imposible. La familia y la presencia de los ausentes. Ed. Herder, Barcelona.
Landau, Judith. 2004. El modelo LINC: una estrategia colaborativa para la resiliencia comunitaria. Sistemas Familiares 20, No. 3: 87-102.
Maturana, H.; Bloch, S. (1995) Biología del emocionar y el Alba emoting, entrelazando lenguaje y emociones. Ed. Dolmen, Santiago.
Morin, E (1990) Introducción al pensamiento complejo
Morin, E (1998) La Nocion de Sujeto en Schnitman, Dora (1998) Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Editorial Paidós. Buenos Aires.
Vidal, Carla y Jara, Cecilia (2004) La formación del Terapeuta Familiar y la familia de origen del terapeuta: el trabajo en el taller de a persona del terapeuta en el Instituto Chileno de Terapia Familiar. De Familias y terapias 18: 85-93
samedi, octobre 16, 2010
dimanche, août 15, 2010
mardi, juillet 13, 2010
nada más me importa en el mundo
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mercredi, juillet 07, 2010
Es feo

mardi, juillet 06, 2010
Quiere llover
dimanche, juillet 04, 2010
En lo ajeno reina la desgracia
En lo ajeno reina la desgracia
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En ti reina la desgracia
samedi, juin 26, 2010
Pájaros en la cabeza

El hombre que tengo al frente tiene alrededor de 40 años, habla en voz baja mientras mueve incontrolablemente su pie derecho, mira al suelo entrelazándo las manos y a veces se detiene: me mira en silencio, como si buscara una respuesta. Entonces su mirada se dirige hacia la ventana, vuelve a mí, se toma la cabeza con ambas manos y después de unos segundos retoma la historia inicial. F. vino a verme hace un año atrás, cuando descubrió que le era imposible establecer relaciones de intimidad duraderas, llegó confundido como un niño y pienso que quizás nunca antes le había dado vuelo a sus deseos. Aunque siempre me acepta un café al llegar, su taza se mantiene intacta y fría hasta el final de la sesión.
samedi, juin 19, 2010
Nadie, nada, nunca
Las cosas que no me dijiste, los besos tuyos que no tendré, el abrazo que necesité y que no pude pedirte, el silencio que me hizo llenarte de palabras, el vacío con el que me fui.
Me preguntabas por qué Nadie, ahora tienes la respuesta.




